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Una de las expresiones que escucharás en tu diario vivir  es “sano conocimiento”. La palabra para conocimiento simplemente significa instrucción y enseñanza.

El sano conocimiento  les proporciona a las personas mucha información, pero lo más importante para todo ser es indudablemente conocer  los caminos de Dios, sus propósitos y su verdad. Sin esa doctrina, los que conformamos este mundo como seres que procuramos mejorar minuto a minuto, podemos ser “sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de información”, por personas falsas que causan buena impresión  y por nuestros “propios deseos”.

El sano conocimiento nutre, edifica a la persona  y le proporciona una base para corregir a otras personas que se salen de las bases del verdadero propósito: el servicio a los demás.

La única fuente del sano conocimiento es la Biblia.

Como tenemos un deseo sincero de ayudar a otras personas, siempre hay peligro de dejar que nuestras creencias sinceras se vuelvan dogmas que dividen y separan,  más que ayudar a nuestro prójimo. Nuestro viaje es un caminar de fe; todavía estamos aprendiendo a lo largo del camino, y a nosotros nos corresponde mantener una postura de gentileza y amor hacia los otros que no ven las cosas exactamente como nosotros.

De hecho, la Biblia nos dice que si creemos que sabemos cualquier cosa (concluyente) a tal grado que nuestro conocimiento nos coloca por encima de otros, entonces todavía no hemos conocido como debíamos.

¿Por qué? Porque el conocimiento tiene la tendencia a hacer que las personas se envanezca (estén seguras de sí mismas, se sientan superiores). El amor, en cambio, “edifica” y motiva a otros. Respecto a esto, Pablo dice: “el propósito de nuestra instrucción es el amor”.

Por consiguiente, sin importar el asunto que estemos contendiendo o rebatiendo, nuestro interés primario siempre debe ser el de “preservar la unidad”.

Hoy quiero marchar en el camino combinando el conocimiento con el amor y así ser un canal de bendición a quienes me rodean. ¿y ustedes?.

Señor, Gracias por darme el conocimiento de tu palabra y también por compartirme tu amor. Quiero combinar correctamente estas dos cosas y busco por eso tu dirección para que me sigas enseñando en tu amor. Amén.